Indignación a la enésima potencia
Como hos habéis podido figurar, esta misma mañana he alcanzado una cota de indignación casi sin precedentes, que ya es decir. Mientras hacía zapping en un nuevo intento para no hacer la reseña de Lengua, me he topado con el programa de Antena 3 Veredicto final, que básicamente consiste en un decorado que emula un juicio pero con un aire más pop con actores que fingen demandarse mutuamente haciendo el ridículo. Y aunque no lo había visto antes nunca, dudo que sea posible que hayan emitido anteriormente algo tan patético como lo de esta mañana. ¿Qué se puede esperar de Antena 3 al fin y al cabo? A3 y patetismo deberían figurar como sinónimos en el DPD.
Paso a comentaros el caso de hoy: una hija ha demandado a su madre por quirale la custodia de una yorkshire terrier realmente espantosa. Sí, como oís. Ambas cumplían a rajatabla el perfil clásico de los invitados a este tipo de programa: la madre, marujona que se ha gastado una pasta en la pelu para salir en la tele: la hija, teleoperadora de ínfima cultura que se gasta la frilera de 600 eurazos en semejante mierda de cánido.
Por cierto, siempre he pensado que los testimonios este tipo de gente de la Eh-paña profunda (autóctona de programas como la sección de sucesos de Gente, el que nos atañe y el jodido programa de las cajas de Jesús Vázquez) deberían ir subtitulados para poder entender las incongruencias que sueltan impunemente.
Pero ahí no queda la cosa. Llega un momento del programa en que la jueza, en su falsa dignidad o dignioide, reclama pruebas al demandante y al demandado, como la cartilla del veterinario y las facturas en concepto de peluquería de animales y manutención. De paso, añado que la madre demandada pedía a su propia hija unos 2000 euros al año por gastos de alimentación y vacunación del bicho infecto. Y por si fuera poco, hace aparición un testigo, que es nada más y nada menos que una amiga de la hija (de incuestionable aspecto yonil) que dice que no está en condiciones de cuidar a la perra. Una cosa es Mentiras peligrosas, el programa de Leticia Sabater que iba de puta coña desde el principio (su padre Fernando debe de estar revolviéndose en su tumba) y otra es que nos tomen por imbéciles con este engendro.
¡Atienza! Aunque parezca increíble, la retahíla de despropósitos no acaba ahí. Al final del programa, la letrada manda al jurado popular a deliberar a una sala apartada. Digo jurado popular aunque quizá sería más apropiado decir vulgar dada la condición de auténticos GAÑANAZOS de los integrantes, gente de esta que no tiene otra cosa que hacer que ir a un programa durante horas para cobrar cuatro perras (yo lo hice cuando era jóven, tal es el poder del vil metal). Uno de ellos (taxista, cómo no) se atreve a comparar la custodia de un perro de 250 gramos con la de un bebé, con un par de cojones.
En fin, un consejo: no hay nada más democrático que el mando a distancia. Apagad la maldita tele y salid a la pista. Buno, hay una excepción: las semifinales de Roland Garros.
P.D.:Ya que este programa se llama veredicto final, voy a dar yo el mío: PUTA MIERDA (indignación disminuyendo...disminuyendo...ya no hay indignación).
















1.No salir de casa sin estar completamente convencida de que se va a triunfar (el maquillaje y la crema después de la ducha son elementos indispensables).

